Experiencia eléctrica

Un día con un auto eléctrico: lo que realmente cambia

Un día con un auto eléctrico: lo que realmente cambia

02:45 min de lectura

Cada vez más personas están pasando del auto tradicional a uno eléctrico y, aunque para muchos todavía parece una tecnología nueva, en la práctica la experiencia diaria suele ser más simple de lo que se imagina.

La rutina de carga cambia por completo

Uno de los primeros cambios tiene que ver con la rutina de carga. A diferencia de un vehículo a combustión, donde cada cierto tiempo hay que detenerse a llenar el estanque, muchos conductores de autos eléctricos optan por cargar el vehículo durante la noche en su casa.

Así, al despertar, el auto está listo para salir con la batería llena, casi como si se tratara de un teléfono celular que se dejó cargando mientras dormíamos.

Una conducción más silenciosa y suave

Al comenzar el día, el típico trayecto urbano —ir al trabajo, dejar a los niños en el colegio o hacer algunos trámites— se vuelve una experiencia distinta.

Lo primero que sorprende es el silencio. Los autos eléctricos prácticamente no generan ruido de motor ni vibraciones, lo que hace que la conducción se sienta más suave y relajada, algo que se agradece especialmente en el tráfico de la ciudad.

Además, la respuesta al acelerar suele ser inmediata, ya que los motores eléctricos entregan su potencia desde el primer momento, sin necesidad de cambios de marcha. En la práctica, eso se traduce en una conducción ágil y muy cómoda para moverse entre semáforos, avenidas congestionadas y trayectos cortos.

El frenado regenerativo ayuda a recuperar energía

En ese contexto urbano también aparece una tecnología interesante: el frenado regenerativo.

A diferencia de los autos tradicionales, donde al frenar la energía se pierde en forma de calor, en muchos vehículos eléctricos parte de esa energía se recupera y vuelve a la batería. En términos simples, el auto aprovecha las desaceleraciones para recargar un poco su energía.

Esto resulta especialmente útil en la ciudad, donde el tráfico obliga a frenar y acelerar constantemente.


La autonomía ya no es una gran preocupación

Otro aspecto que suele llamar la atención es la autonomía. Hace algunos años era una de las grandes preocupaciones de quienes pensaban en comprar un auto eléctrico, pero hoy la oferta disponible en Chile ha avanzado bastante.

Existen modelos pensados para la ciudad que superan los 280 o 300 kilómetros de autonomía, como el Changan Lumin o el Renault Kwid E-Tech con cerca de 298 km, cifras que resultan suficientes para varios días de trayectos urbanos sin necesidad de cargar.

En el siguiente nivel aparecen modelos que ya superan con holgura los 400 kilómetros de autonomía, como el BYD Dolphin con cerca de 400 km, el Deepal S07 por sobre 500 km o el Smart #3 de Kaufmann que puede alcanzar cerca de 435 km.

La autonomía diaria suele ser más que suficiente

Para ponerlo en perspectiva, muchas personas en ciudades como Santiago recorren entre 30 y 50 kilómetros al día.

Con autonomías de este nivel, es perfectamente posible usar el auto durante varios días antes de necesitar una recarga. De hecho, algunos conductores cargan sólo una vez por semana o incluso menos, dependiendo de su rutina.

También es importante considerar que la autonomía puede variar según distintos factores: el estilo de conducción, el uso del aire acondicionado o calefacción, la velocidad y el tipo de terreno pueden influir en el consumo de energía.

En general, estas variables pueden reducir la autonomía real en torno a un 10% o 20% respecto a las cifras oficiales.

Menores costos de energía y mantención

En cuanto a los costos, otra diferencia aparece rápidamente.

Mientras en un auto a combustión el gasto depende del precio de la bencina o del diésel, en un vehículo eléctrico el costo está asociado al precio de la electricidad. En muchos casos, cargar un auto eléctrico resulta considerablemente más económico que llenar el estanque de combustible.

A esto se suma que los vehículos eléctricos tienen menos piezas mecánicas en movimiento, por lo que no requieren cambios de aceite ni mantenciones asociadas al motor tradicional.


Viajes largos: solo requieren planificación

En el caso de los viajes largos, la lógica cambia un poco. Si bien en la ciudad la autonomía suele ser más que suficiente para el uso diario, en trayectos más extensos conviene planificar las paradas para recargar.

Para eso existen estaciones de carga rápida que permiten recuperar buena parte de la batería mientras se hace una pausa para descansar o tomar un café.

Una nueva rutina que se vuelve natural

Con el tiempo, muchos conductores descubren que manejar un auto eléctrico no sólo cambia la forma de cargar energía, sino también la relación con el vehículo.

Se vuelve habitual revisar la autonomía disponible, planificar dónde cargar y aprovechar momentos de pausa para hacerlo. Sin embargo, después de algunas semanas, todo pasa a ser parte de una rutina natural.

Por eso, quienes ya manejan un vehículo eléctrico suelen coincidir en tres cosas que marcan la diferencia en el día a día: la conducción es más silenciosa y suave, el gasto en energía suele ser menor y las mantenciones son más simples.

Más que una revolución complicada, para muchos la electromovilidad termina siendo simplemente una forma distinta —y muchas veces más fácil— de moverse por la ciudad todos los días.